Entrenar por la mañana vs. por la tarde: el papel del reloj biológico
La evidencia científica demuestra que la fuerza neuromuscular, la potencia y la capacidad aeróbica alcanzan su punto máximo a finales de la tarde y principios de la noche, en paralelo con los ritmos de la temperatura corporal central. Los cronotipos individuales modifican significativamente estas ventanas de rendimiento: los tipos matutinos alcanzan su pico cerca del mediodía con menores variaciones diarias, mientras que los tipos vespertinos experimentan marcados valles de rendimiento por la mañana. Entrenar de manera consistente a una hora específica del día genera adaptaciones temporales que ayudan a mitigar los déficits diurnos de rendimiento.
Última actualización: 2026-09-12
Arquitectura circadiana y osciladores moleculares
El rendimiento físico humano está sujeto a ritmos biológicos orquestados por un sistema de temporización circadiano jerárquico. Un marcapasos central ubicado dentro del núcleo supraquiasmático (NSQ) hipotalámico sincroniza los relojes periféricos autónomos presentes en prácticamente todos los tejidos, incluido el músculo esquelético [12]. A nivel celular, los bucles de retroalimentación de transcripción-traducción (TTFL) celulares autónomos, impulsados por los factores de transcripción centrales BMAL1 y CLOCK junto con los reguladores negativos PERIOD (PER1–3) y CRIPTO CROMO (CRY1–2), rigen las oscilaciones de 24 horas en la expresión génica en hasta el 40% del genoma [26]. En el músculo esquelético, este reloj molecular regula más de 2300 genes involucrados en el flujo metabólico, la remodelación estructural y la señalización de excitación-contracción [26].
El ejercicio funciona como un potente zeitgeber (sincronizador) no fótico capaz de sincronizar los relojes periféricos del músculo esquelético [12]. Los genes del brazo negativo del reloj molecular, como las isoformas de Per y Nfil3, responden directamente a la contracción muscular aguda [24]. La contracción activa la proteína quinasa activada por 5'-AMP (AMPK), que fosforila y acelera la degradación de PER2 y CRY1, desinhibiendo el receptor delta activado por proliferadores de peroxisomas (PPARδ) y promoviendo un cambio metabólico hacia la oxidación de lípidos [18]. A su vez, el coactivador 1-alfa del receptor gamma activado por proliferadores de peroxisomas (PGC-1α) estimula la expresión de Bmal1 mediante la coactivación del receptor huérfano ROR [18].
El BMAL1 funcional en el músculo esquelético es indispensable para estas adaptaciones; los modelos de silenciamiento génico (knockout) de Bmal1 específicos del músculo no logran regular al alza los factores de transcripción primarios que responden al ejercicio, tales como Nr4a3 y Ppargc1a, pierden la homeostasis de los intermediarios del ciclo de los ácidos tricarboxílicos (TCA) y generan transcriptomas divergentes que comparten menos del 5% de los genes que responden al ejercicio con sus contrapartes de tipo salvaje, lo que promueve la inflamación sistémica [17], [24]. De manera similar, la disrupción sistémica de BMAL1 acelera la sarcopenia a través de la activación de NF-κB mediada por CLOCK y la pérdida de actividad de MyoD [16]. Además, el músculo esquelético sano muestra oscilaciones diurnas en la capacidad respiratoria mitocondrial —alcanzando su punto máximo al final de la noche (~23:00 h) y un nadir alrededor del mediodía (~13:00 h)—, un ritmo que se degrada con la disfunción metabólica y la alteración circadiana [12], [26].
Variaciones diurnas en la fuerza muscular y la potencia anaeróbica
Los ejercicios máximos de corta duración —incluidos los sprints, los saltos y las contracciones isométricas— muestran pronunciadas variaciones según la hora del día de hasta un 29.4%, mientras que las mediciones de fuerza máxima varían hasta un 41% a lo largo de la jornada [22]. La capacidad neuromuscular máxima se manifiesta consistentemente entre el final de la tarde y el inicio de la noche (16:00–20:00 h), mientras que el nadir ocurre entre las 06:00 y las 10:00 h [2], [21].
Mapeo de fases del ritmo diurno:
04:00–06:00 h: Nadir de temperatura corporal central | Fase de cese de melatonina (Tipos M)
06:00–10:00 h: Nadir de fuerza y potencia anaeróbica | Pico de testosterona y cortisol
12:00–14:00 h: Pico de rendimiento en cronotipo temprano | Nadir mitocondrial
16:00–19:00 h: Pico de temperatura corporal central | Cinética máxima de puentes cruzados
17:00–20:00 h: Pico de rendimiento en cronotipo tardío | Pico de fuerza y capacidad glucolítica
Este pico de rendimiento vespertino sigue de cerca la fluctuación circadiana de la temperatura corporal central, la cual oscila aproximadamente 0.9°C desde un nadir matutino (04:00–06:00 h) hasta una cúspide a principios de la noche (17:00–19:00 h) [20]. El incremento de la temperatura corporal central mejora de forma directa la función muscular al:
- Acelerar la formación de puentes cruzados de actina-miosina y optimizar la cinética de liberación y recaptación de calcio intracelular en el retículo sarcoplásmico [10], [21].
- Incrementar la distensibilidad de las fibras musculares y la flexibilidad articular (por ejemplo, aumentos diurnos significativos en la flexibilidad de todo el cuerpo y el rango de movimiento espinal con un pico alrededor de las 16:00 h) [2], [23].
- Aumentar la fuerza máxima isométrica bilateral en prensa de piernas (un 4.4% más alta) y el torque en extensión de rodilla (un 4.3% más alto) en la tarde/noche en comparación con la mañana [20].
Las fluctuaciones endocrinas también siguen una trayectoria diurna distintiva. La testosterona anabólica y el cortisol catabólico alcanzan su punto máximo a primera hora de la mañana antes de descender a lo largo de la tarde y la noche [10]. Sin embargo, las concentraciones hormonales en reposo no determinan directamente el pico de fuerza vespertino, y el entrenamiento en un horario específico puede modificar la producción de fuerza sin alterar los perfiles hormonales diurnos basales [10].
Capacidad aeróbica y dinámica diurna metabólica
La capacidad de resistencia presenta una marcada dependencia con respecto a la hora del día, con variaciones intradiarias que alcanzan hasta un 26% [19], [22]. En ejercicios de intensidad severa realizados hasta el agotamiento, los individuos jóvenes entrenados de forma recreativa muestran un tiempo hasta el agotamiento aproximadamente un 20% más prolongado en la tarde/noche (17:00–20:00 h) en comparación con la mañana (06:30–09:30 h) [9].
Esta ventaja aeróbica vespertina está respaldada por mecanismos fisiológicos distintivos:
- Mayor techo aeróbico: Las evaluaciones vespertinas arrojan un consumo máximo de oxígeno () aproximadamente un 4% mayor en comparación con las pruebas realizadas a primera hora de la mañana [9].
- Mayor contribución anaeróbica: El déficit acumulado de oxígeno máximo (MAOD) es aproximadamente un 7% mayor por la tarde/noche, lo que refleja una capacidad anaeróbica funcional superior [9].
- Cinética acelerada del consumo de oxígeno: La cinética del se ajusta más rápidamente al inicio del ejercicio por la tarde/noche, a pesar de una mayor demanda de oxígeno y una eficiencia mecánica bruta ligeramente reducida [9].
La relevancia competitiva de estas fluctuaciones diurnas queda demostrada en los datos de competiciones de élite. Los nadadores olímpicos consiguen sistemáticamente sus mejores tiempos durante las finales disputadas a última hora de la tarde, con variaciones de rendimiento de origen circadiano que a menudo superan los márgenes que separan las posiciones de podio [2].
Perfiles de cronotipo y el efecto de sincronía
El cronotipo refleja el ángulo de fase circadiano innato de sincronización de un individuo, gobernado por variaciones genéticas con una heredabilidad estimada de ~50% [20]. Evaluado a través de cuestionarios como el Morningness-Eveningness Questionnaire (MEQ) de Horne y Östberg, la distribución en la población general comprende aproximadamente entre un 10 y 15% de tipos matutinos (tipos M), entre un 10 y 15% de tipos vespertinos (tipos E) y entre un 70 y 80% de tipos intermedios (tipos N) [7], [20]. Las cohortes de atletas de élite muestran un sesgo notable: los cronotipos tardíos representan solo ~10% de las poblaciones de élite en comparación con el ~40% en cohortes no atléticas, lo que sugiere que los regímenes de entrenamiento a primera hora de la mañana y las limitaciones de horario pueden perjudicar a los cronotipos tardíos durante su desarrollo deportivo [19].
| Variable fisiológica | Tipos matutinos (Tipos M) | Tipos vespertinos (Tipos E) |
|---|---|---|
| Duración del período intrínseco | ~24.1 horas [6] | ~24.3 horas [6] |
| Nadir de temperatura corporal | ~04:00 h [6] | ~06:00 h [6] |
| Inicio de melatonina con luz tenue | Referencia basal [6] | Retrasado entre ~2 y 3 horas [4], [6] |
| Pico de rendimiento aeróbico | ~12:00 h (~5–6 h tras despertar) [19] | ~20:00 h (~11 h tras despertar) [19] |
| Magnitud de la variación intradiaria | 7.6% de variación [19] | 26.2% de variación [19] |
| Preparación mental matutina | Mantenida a lo largo de la mañana [1], [4] | Notablemente deprimida a las 06:00 h [4], [19] |
| Activación cortical (EEG) | Arousal diurno estable [2], [7] | Mayor potencia alfa/beta y menor latencia P300 en la tarde/noche [7] |
El cronotipo modera directamente la magnitud y el momento de los picos de rendimiento. En ciclistas y triatletas competitivos, los tipos E completan una contrarreloj de 20 km 40 segundos más rápido por la tarde (18:00 h) que por la mañana (06:00 h), acompañado de reducciones matutinas significativas en la preparación mental y la vigilancia psicomotora [4], [19]. Por el contrario, los tipos M experimentan índices de esfuerzo percibido (RPE) más bajos y menor fatiga durante tareas físicas matutinas submáximas, logrando tiempos de carrera matutinos más rápidos en comparación con los tipos E y los tipos N [1]. Los tipos E forzados a entrenar por la mañana reportan mayores alteraciones del estado de ánimo y un mayor esfuerzo percibido, mientras que los tipos M mantienen perfiles psicológicos más estables a lo largo del día [2].
El "efecto de sincronía" establece que hacer coincidir el horario de entrenamiento o evaluación de un atleta con su cronotipo biológico y su fase de activación diurna máxima optimiza el rendimiento [2], [5], [6].
Protocolos de calentamiento y estrategias de adaptación temporal
Aunque los ritmos biológicos favorecen de manera natural el rendimiento al final de la tarde y por la noche, los atletas pueden mitigar estos déficits diurnos mediante intervenciones dirigidas:
Calentamientos activos prolongados y preparación térmica
Los déficits matutinos en el rendimiento neuromuscular se originan en parte en una menor temperatura corporal central. Prolongar la duración del calentamiento activo (por ejemplo, añadiendo de 20 a 30 minutos de ciclismo submáximo al 70% del ) eleva la temperatura central e intraaural en ~0.58°C, incrementando la flexibilidad de todo el cuerpo y atenuando los déficits matutinos en potencia balística y altura del salto vertical [10], [23]. Sin embargo, el calentamiento térmico produce una eficacia variable según la modalidad: si bien restablece la fuerza de salto y la potencia explosiva de esfuerzo único, no compensa consistentemente los déficits matutinos en la capacidad de sprints repetidos, la fuerza máxima multiarticular ni el rendimiento en contrarrelojes prolongadas [23].
Habituación mediante el entrenamiento en horarios específicos
El entrenamiento habitual a una hora fija induce adaptaciones circadianas en los relojes del músculo esquelético a través del entrenamiento en horarios específicos (TST, por sus siglas en inglés) [2], [10]. Entrenar repetidamente a una hora determinada del día establece adaptaciones neuromusculares y metabólicas específicas para esa ventana temporal, mitigando eficazmente el habitual valle de rendimiento matutino [2]. En lugar de buscar un horario de entrenamiento universal absoluto, alinear los horarios habituales de entrenamiento con los horarios previstos de competición genera las mejoras de rendimiento más consistentes en las disciplinas de fuerza y resistencia [2].
Referencias
Fuentes web
- Chronotype, Physical Activity, and Sport Performance
- Chronotype Influences on Athletic Performance
- Effects of morning versus evening exercise on sleep
- Influence of Chronotype on Cycling Performance in Simulated 20‐km ...
- Molecular insights into chronotype and time-of-day effects on decision ...
- How Your Chronotype Influences Daily Performance
- Neuro-Cognitive Profile of Morning and Evening Chronotypes ...
- Evening chronotype, irregular circadian eating patterns ...
- Morning–evening differences in response to exhaustive ...
- Circadian Rhythms in Exercise Performance: Implications for ... - PMC
- Review Circadian aspects of body temperature regulation in exercise
- Circadian Rhythms, Exercise, and Cardiovascular Health
- Does the Order of Submaximal Lactate Threshold and ... - PMC
- The Fallacy of Vo2max and %VO2max
- What is Best Practice for Training Intensity and Duration ...
- Time to Train: The Involvement of the Molecular Clock ... - PMC
- Skeletal muscle BMAL1 is necessary for transcriptional ...
- Time to Train: The Involvement of the Molecular Clock in ...
- The effects of time of day and chronotype on cognitive ... - PMC
- Circadian Rhythm and Athletic Performance: The Ultimate ...
- Circadian Regulation for Optimizing Sport and Exercise Performance
- Time-of-Day Effects on Short-Duration Maximal Exercise Performance
- Is there a diurnal variation in flexibility in extreme morning and evening ...
- Skeletal muscle BMAL1 is necessary for transcriptional ... - PMC
- Effect of a single bout of exercise on clock gene expression ...
- Exercise training modifies skeletal muscle clock gene ...